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Un Mensaje Decembrino del Presidente de la UUA - Por el Rvdo. Peter Morales

Estimados amigos,

Nuestros rituales y tradiciones del mes de diciembre evocan los recuerdos—recuerdos que nos ligan a los amigos, a la familia, a nuestras culturas del origen, a nuestro sentido más profundo de quién somos.

Mis recuerdos más tempranos de crecer en San Antonio incluyen desfiles navideños de la iglesia y fiestas multi-generacionales enormes con la familia extendida. Las imágenes nevosas de la cultura dominante de una Navidad blanca, los paisajes invernales, el patinaje sobre hielo y Ebenezer Scrooge en Londres parecían raros a un niño que crecía en el sur de Tejas. Mi iglesia tenía siempre un nacimiento viviente al aire libre y a veces hacía bastante frío y se requería una chaqueta ligera debajo de mi traje de pastor.

Desde mi juventud yo he pasado los días de fiesta en muchas partes de los Estados Unidos e incluso en países extranjeros. (No hay nada en lo absoluto como ver a Santa, los renos, y la nieve falsa en Tailandia!) Pero sin importar un fondo religioso o cultural, para aquellos de nosotros que hemos crecido con una tradición de fiesta de fin de año, el tirón emocional está siempre allí.

Las tradiciones y los rituales tocan algo muy profundo. Las historias que oímos y que repetimos se convierten en partes esenciales de nuestra historia. Nos recuerdan nuestra necesidad de unos a otros, de la importancia de la compasión, del centralismo de la esperanza, y de nuestro anhelo profundo para la paz.

Una de las viejas tradiciones practicadas en el San Antonio de mi juventud y a través del sudoeste es la costumbre mexicana de las Posadas. En español una “posada” es un lugar de alojamiento, un lugar de descanso, un lugar del abrigo durante un viaje. Esta tradición, basada en la relato bíblico de María y José que tiene que quedarse en un establo porque no había sitio en el mesón, tiene una resonancia especial para nosotros hoy.

La práctica de las posadas comenzó hace casi quinientos años en el México colonial. Un pequeño grupo de personas, algunos vestidos como María y José y llevando velas para iluminar el camino, yendo de casa en casa, cantando canciones y pidiendo albergue. En cada casa son rechazados hasta que, finalmente, alguien los deja entrar. Todo ésto se organiza de antemano, por supuesto. Entonces, en una expresión verdadera de la cultura mexicana, la gente celebra con música, baile, comida, y una piñata. En algunas aldeas y vecindarios, hay una procesión diferente y un diverso punto de parada cada noche por nueve días, comenzando el 16 de diciembre y terminando en la Nochebuena.

Este año—un año en el que nuestra nación es destrozada por el sentimiento anti-inmigrante, un año en el que yo me encontré protestando e incluso siendo arrestado y encarcelado por oponerm a leyes anti-inmigrantes que yo considero racistas—las lecciones religiosas de las posadas de son aún más destacadas. En un año que vió un número récord de migrantes morir en nuestros desiertos, una historia sobre la gente desamparada que es retornada toca profundamente mi corazón.

Más importantemente, como todas las buenas tradiciones, las lecciones de las posadas van mucho más allá de las discusiones del orden público. Cada uno de nosotros, en algún momento en nuestras vidas, ha sido María o José. Piensen en una época en la que ustedes necesitaron abrigo - físico o, más probablemente, emocional. Piensen en una época en que ustedes necesitaron compasión, necesitaron a alguien que simplemente los albergara y les diera un lugar seguro.

Recuerden también, todas las veces que ustedes han sido la personas que dieron albergue a “María” o a “José.” Me estremezco al recordar las muchos veces que estuve demasiado preocupado, demasiado insensible, demasiado ocupado, demasiado absorto en mí mismo para ofrecer la simple amabilidad de un oído comprensivo, una taza de té, un pequeño albergue emocional.

Recuerden también, todas las veces que ustedes han sido el amable posadero. Piense en los tiempos que usted estaba allí, realmente allí, para un niño, un socio, un amigo, e incluso un extranjero. Piensen en lo precioso que eran esos tiempos. Cuando permitimos que el amor que vive en nuestros corazones se exprese, somos una bendición para quienes están alrededor de nosotros y una bendición para nosotros mismos.

Una de las grandes bendiciones de la vida en nuestras congregaciones unitarias universalistas es que aquí aprendemos a dar y a recibir posada. Estamos aquí el uno para el otro. Juntos, compartimos el calor de la compasión.

En esta temporada ocupada de los días de fiesta, las lecciones religiosas de gran alcance de las posadas superan límites culturales. Podemos tomarnos el tiempo para ver la necesidad alrededor de nosotros. Podemos abrimos nuestros corazones. Podemos dar y recibir albergue. Cada acto de amabilidad es ofrecer posada.

Que ésta temporada sea rica de bendiciones y llena de alegría.

Fielmente,

Peter Morales

Translated by Mar Cárdenas—UUs of the South Bay

Unitarian Universalist Life

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Last updated on Monday, December 20, 2010.

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